Mis maletas no paran de abrirse
Nueve años pasan volando. La primera vez que mis maletas se abrieron fue en el 2002. A principios. Con todas las cosas necesarias para pasar una larga temporada fuera de casa, de mi ciudad - Bogotá - se cerraron con dificultad y subieron a un avión con destino a la ciudad de Miami. Dos años después, llenas de abrigos, bufandas y gorritos, se embarcan de nuevo, esta vez, a Boston.
En 2005 cruzaron el charco, para llegar a Madrid cargadas de sueños. Durante tres años, debajo de mi cama, esperaban ansiosas el momento de volar de nuevo. En este tiempo solo cruzaron la ciudad de arriba a abajo, para descansar luego debajo de una cama nueva, y otra.
Fue en Abril de este año cuando, cubiertas de una fina capa de polvo, me preguntaron a dónde iríamos. Las llené de fuerza, amor y mucha ilusión y dije: a una isla no muy lejos, no muy cerca, a un lugar en donde creo estaremos finalmente por muchos, muchos años. Aterrizaron en un lugar pequeño, húmedo por la lucha climática de primavera, que deja un poco de luz, otro poco de calor y otro de agua. De mi mano, recorrieron un breve camino hasta llegar a un piso pequeño en la última planta de un edificio, de ahí, a un pequeño cuarto, en donde ahora reposan cansadas, esperando...o felices de no tener que salir más de ahí.
Han traído mi vida, mis sueños y mis planes. Ahora en Cagliari, se han cerrado.
Desde aquí, desde esta bella ciudad, empezaremos a contar una historia nueva, la historia de una colombiana que ha hecho una parada aquí, una parada, por ahora, muy larga.

Ojalá fueras más constante a la hora de actualizar este blog pues realmente sería muy interesante conocer tu perspectiva de vida desde Cagliari. Un beso
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